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Farsa Y Licencia De La Reina Castiza

Farsa y licencia de la Reina Tradicional es una obra teatral de Ramón María del Valle-Inclán publicada por vez primera en 1920. La iniciativa artística que llega al Corral pasa por retomar aspectos escenciales de su teoría, donde la ironía, el paródico sentido trágico de la vida de una España castiza y el realismo teatral, nos lleva al tema donde el absurdo se convierte en el centro de los litigios, revelando de este modo la caída, que en última instancia acompaña siempre y en todo momento al poder. En la Corte de la reina Isabel II se presentan unos pícaros con la intención de hacer una fortuna coaccionando a costa de dos cartas que tienen, firmadas por nuestra monarca y con un contenido subido de tono. El rey quiere asimismo conseguir su beneficio, desencadenándose en ese momento todo tipo de intrigas palaciegas entre las diferentes camarillas cortesanas, que acabarán aceptando tal chantaje.

Por fin, la caída de Alfonso XIII y la proclamación de la II República hicieron viable tan demorado estreno, si bien no fuera el primer entusiasmado en ello, Rivas Cherif, quien lo llevara a cabo. Como era de esperar tratándose de una obra prohibida por el régimen depuesto, aquella representación, bien acogida por un público expectante, cobró un sentido precisamente político; por eso, en contraste con la escasa atención dispensada a las diferentes ediciones de la Patraña, la prensa madrileña se ocupara exuberantemente del estreno. Prueba de ello son las varias reseñas periodísticas que Mª Ángeles Gómez Ábalo dió a entender en un reciente artículo sobre el tema3.

La Presidenta De La Comunidad De Madrid, Como En Un Adefesio De Valle

Allí, con ironía grotesca, nos comenta la narración de un chantaje por el que un estudiante sopista y sinvergüenza, apasionado, entre otros muchos, de la oronda reina, consigue, a través de la venta de 2 cartas cariñosas con la corona real, nada menos que el arzobispado de Manila. Esto no es un libro digital con caracteres extraños, errores tipográficos introducidos y palabras desorganizadas. El artículo está libre bajo la Licencia Creative Commons Atribución Comunicar Igual 3.0; tienen la posibilidad de aplicarse cláusulas adicionales. Los que amamos La capital de españa, los que hemos transformado la ciudad más importante y su Red social en nuestra casa, los que trabajamos, vivimos y crecimos profesionalmente, y también procuramos proseguir haciéndolo en ella, vemos con estupefacción el lamentable espectáculo de su de hoy Presidenta. No hay duda de que a la dirigente popular Isabel Díaz Ayuso se le apareció la virgen en el momento en que le cayó en gracia a la expresidenta de la Comunidad de La capital española Promesa Aguirre. Tal vez de ahí que las incalificables fotos, tan comentadas, con esas poses a lo Inmaculada Concepción de Murillo, que solamente revelan es una patológica obsesión por el postureo, por aparentar y estar en las RRSS; una vanidad peligrosa, oponente del bien común y de la buena gestión, como está probando en cada actuación y comparecencia pública.

Ayuso desea reinar en los titulares y en las redes, que es lo propio, pero el coste está siendo pagado en vidas y el presente y futuro de una Red social que se ha levantado con seriedad, generosidad y esfuerzo. El 3 de junio de 1931, apenas dos meses tras la instauración de la República, la compañía de Irene López Heredia estrenaba Farsa y licencia de la reina tradicional en el Teatro Muñoz Seca de La capital española. Hacía años que Valle-Inclán vivía apartado del teatro comercial, y ni siquiera asistió a este estreno que, sin embargo, fue uno de los más triunfantes de toda su trayectoria dramática. Y no solo por las virtudes artísticas de la obra o por la calidad de la escenificación, sino pues en esos instantes venía a ser un símbolo de la recién conquistada independencia de expresión. En esta obra, cima de la farsa expresionista, Valle nos ubica en la corte española de Isabel II, antecedente inmediato de la España de la Restauración monárquica.

Ayuso, Patraña Y Licencia De La Reina Tradicional

En verdad el fantasmal presidente que nos metió en la Guerra de Irak por capricho ranchero, ha salido en admirativo elogio y defensa de Ayuso, prueba indiscutible del desvarío general del PP madrileño. Esta nueva Patraña y licencia de la Reina Castiza , tendría gracia si fuera un sketch de matrimoniadas de los extintos programas de José Luis Moreno. El inconveniente es que se está jugando el prestigio internacional de la Comunidad de La capital española, su imagen, su economía y, sobre todo, las vidas de muchas almas que viven en esa extraordinaria tierra que alguno sentimos nuestra por el hecho de que la vivimos, por una cuestión personalista de incapacidad, de soberbia y de infantilismo hipertrofiado.

Naturalmente, el contenido antiborbónico de la obra, cuya opinión dependía de la inclinación ideológica de cada rotativo, fue el tema más comentado, aun cuando también se abordaron otras caracteristicas, como la calidad literaria del artículo, su teatralidad y, evidentemente, la puesta en escena, realzada por los magníficos decorados y figurines de Salvador Bartolozzi, que acentuaban los carices guiñolescos de esta “patraña de muñecos”4. Debemos recordar, ya lo hice hace unas semanas pero los hay duros de oído, que la señora Díaz Ayuso entró en política a través de Pablo Casado, cuando este era presidente de Juventudes del Partido Popular. Pronto se realizó con la seguridad de Promesa Aguirre, siendo su vicepresidente, y luego Presidente de la Comunidad, el culpado y en prisión por prevaricación y corrupción Ignacio González. En la Comunidad fue el momento de la Marea Blanca, que denunciaba la privatización de la sanidad pública madrileña, la precarización y recortes en personal, material y abastecimientos, bajo el mantra de la “externalización”, eufemismo bajo el que se desarticuló el ámbito, llegando a desvergüenza como vender a amiguetes centros de salud financiados con dinero público.

La prueba es que sostenga al de hoy Asesor de Hacienda de Ayuso, el señor Javier Fernández-Lasquetty, al que, la señora Aguirre, encargó la gestión y externalizaciones de la sanidad pública madrileña que el día de hoy adolece, precisamente por este motivo, de expertos, centros de referencia, material y previsión. Rescatado para el gobierno de Ayuso, resulta escandaloso frente la presunta preocupación de la presidenta madrileña y el señor García Egea por los gobernantes públicos sanitarios, que el consejero declare, en medio de la pandemia que padecen en primera persona los profesionales del campo, que los expertos de la sanidad madrileña “deberían dejar de ser gobernantes”. La presidenta Ayuso, que lo es merced al trágala de Ciudadanos, acusado en este momento por la regidora de no se sabe qué otra conspiración para desacreditarla por los “contratos Fake” con la cadena hotelera del empresario Kike Sarasola, y a la inmundicia democrática de Vox, frente a un Ángel Gabilondo y el PSOE de Madrid que fue el partido mucho más votado en los últimos comicios regionales, se pregunta por qué razón la Red social no pasa a la etapa uno.

Se mide las legitimidades acusando al ejecutivo de Pedro Sánchez de castigar a Madrid por cuestiones políticas, cuando, hasta hace sólo unos días, la Comunidad Valenciana, del mismo color político que el gobierno, se encontraba en exactamente la misma situación, prueba de que no era una cuestión arbitraria. Ayuso podría comenzar por leerse el informe de su decentemente dimitida responsable del área de sanidad, Yolanda Fuentes, en los que explicitaba que la Comunidad “no estaba lista para comenzar la desescalada”. Podría reflexionar sobre las críticas de todo el mundo y descrédito de sus afirmaciones, reacciones y administración, de los que se hacen ecos reputados diarios internacionales como la lengua francesa Liberacion, pero nada de todo esto le importa. Ayuso, como en un esperpento de Valle-Inclán ha convertido su responsabilidad en una vacía escenificación. Un ejercicio de cinismo sobreactuado en el que sus aconsejes comparecientes actúan como muñecos de ventrílocuo, mediante los que ella expresa sus desvaríos y difamaciones. Aun semeja haber creado la habilidad de charlar sin desplazar los labios, ni casi un músculo, como en los peores tiempos de Aznar, que era una esfinge con bigote parlante.